jueves, 11 de septiembre de 2008

¿Resoluciones...?


Los días continúan su lento transitar. Las situaciones mismas parecen consumirse en esa marcha fúnebre del tiempo. Por momento las manecillas juegan diabólicamente a retrasarse. Me miro en el espejo, sigo sin poder reconocer mi mirada, ¿acaso no me será devuelta?

Por momentos pareciese que pudiera resolver estas laberínticas semanas en una espiral que me aferra al sin-centro de un espacio que es cada vez más frió. Más silencioso.

La espera continúa en una ciudad amenazante, entre árboles urbanos que guardan su historia en hojas grises y frágiles. Una ciudad con vida en todos sus interiores.

Viaje subterráneo. Miradas apagadas y fundidas por el cansancio conviven dentro de una masa que no brinda seguridad. El viaje es burdo, por momentos lento, el tiempo juguetea con el transcurrir de mis pensamientos, de la historia que intento recordar mientras me sumerjo en el apretado vagón.

Caigo en la improvisada cama.

¿Terminaré siendo hoja nacida de el árbol de ciudad?

domingo, 7 de septiembre de 2008

Sensaciones...

¿Has sentido tanto dolor que cada movimiento se encuentra embargado por la pena? Cuando hasta el jugueteo de los dedos expresa asfixia frente al panorama. En ese momento ni el canto de la lluvia me permite respirar. Cuando la oscuridad ha dejado de ser oscuridad pues ya no se contrasta con la luz.

Levantas la mirada y te permites cerrar los ojos. El aire te falta. Se trata del último round, las piernas te pesan, tu cerebro no puede reaccionar adecuadamente. La disyunción es clara: rendirse y cobijarse en la lona o continuar el combate.

Miras por encima de tu hombro, te encuentras solo; frente a ti el paisaje es desolador… ¿acaso caerás?

martes, 2 de septiembre de 2008

En la linea de espera con la parodia de Sócrates.

La corbata de pastor protestante. La mirada que le habrían vendido por un curso de correspondencia. Incluso la pose debió haberla obtenido a través de ese mismo curso de tanatología a domicilio. Me encontraba en otra línea de espera, ahora acompañado por mi familia y por el interlocutor invitado de esta noche: un doctor especializado en tanatología. Para mí un charlatán más, sólo que no vestía como curandero del Amazonas, sino que usaba saco y corbata. Era tan aburrido… divagué hasta que me fue lanzada una torpe pregunta.
El tipo mantenía una actitud como de parodia socrática, sin embargo a diferencia del filósofo éste mantenía una pose que ocupaba para decir frases profundas… oh pero si Sócrates también la usaba.
Mientras tanto Carlos, mi primo se esforzaba por decir las líneas mas profundas que le dictaban su corazón. Yo, con mi aire indiferente, no alcancé a ligar ni dos palabras, seguramente mis tías me odiaron por eso. Así transcurrieron dos horas. Moría de sueño, deseaba fumar y me sentía abochornado. Finalmente la espera terminó. Oculto tras mi computadora me enfoque en expresar todos mis comentarios en este escrito. Un escrito más para la línea de espera.